viernes, 11 de octubre de 2013

LA CARA OCULTA DE LA ESCUELA

Vida escolar que no se conoce 

Por León Trahtemberg  

El Dr. Yaron Idan profesor de sociología en la Ashkelon Academic College (Israel) se pasó tres años visitando un colegio público secundario estudiando la rutina de los estudiantes, maestros y directores con una mirada antropológica para documentar lo visto. Concluye que los maestros se han convertido en máquinas de dictado de clases en ambientes de violencia, sectarismo y racismo. (http://www.themarker.com/news/education/1.2126436 del 25 09 2013)

Encuentra que la escuela es una especie de contenedor de enorme densidad, con cientos de personas congregadas de las que se espera que mantengan un alto nivel de orden, tranquilidad y silencio. Un aula buena es aquella en la que se nota tranquilidad; la ruidosa es problemática. Más importante que hacer bien el trabajo escolar es mantener el silencio. Sin embargo, colocar cientos de adolescentes juntos todo el día y pedirles que estén en silencio resulta muy estresante,  por lo que ocurren trasgresiones todo el tiempo  que no se resuelven extirpando al agresor. 

Encuentra que a los profesores no les interesan los alumnos. Si llegan tarde les preguntan ¿por qué legaste tarde? Pero antes de escuchar la respuesta ya les hicieron una papeleta para los padres. Observa también que la ocupación principal de los maestros es la copia: de los libros, de los planes curriculares, de lecciones dadas en el pasado, que los alumnos deben consumir y luego vomitar en los exámenes. Internet es una molestia aún no asimilada por los profesores porque les perturba el esquema autoritario por el que ellos  saben más que los  alumnos. Por ello su respuesta ha sido prohibir el uso de computadoras, tabletas y teléfonos móviles en el aula. Hay pocas clases interesantes; todo el esfuerzo docente estaba dirigido a preparar a los alumnos para rendir los exámenes, sin dedicarle mayor tiempo a su participación. 

Yaron encuentra que lo que les interesa mucho a los estudiantes es la sexualidad, la violencia, el sectarismo y el racismo, pero como los profesores no saben cómo incorporar eso a sus clases (o tienen miedo de hacerlo mal), externalizan el tratamiento del tema invitando a terceros para que lo hagan, con lo que evitan abrir esa caja de Pandora.
Pareciera que en esencia hay un contrato entre profesores y alumnos por el que los primeros enseñan lo requerido para los exámenes y los alumnos prestan atención para aprender lo que entrará los exámenes.

¿Qué maestros son la excepción? Generalmente son jóvenes idealistas, que se ven a sí mismos como individuos con confianza en sí mismos, abiertos a las preguntas de los estudiantes.  Pero tienen poco tiempo para eso.  Cuando no dictan clase están en la sala de profesores trabajando sobre libros y cuadernos, sin tiempo para reflexionar acerca de los valores o para hacerse preguntas profundas. 

Todo el tiempo los alumnos se tocan, se manosean, se golpean y los muchachos intimidan  a las chicas, pero la escuela no lo ve aun teniendo una política de tolerancia cero a la violencia. En realidad solo prestan atención a agresiones violentas con cuchillos o extorsiones, que son poco frecuentes. La escuela también es un espacio de discriminación por origen étnico. Se marcan las diferencias cada vez que hay algún disparador. 

La escuela asfixia a los alumnos, les genera ansiedad. Los que pueden, escapan. El alcohol y las drogas no son vistos como problemas escolares graves porque los alumnos no consumen en el horario escolar. Los estudiantes pueden regresar a casa borrachos o drogados después de una fiesta y aparecer semidormidos en la mañana siguiente en el colegio, pero este no lo ve como un problema de alcoholismo. 

¿Se puede arreglar el sistema? No, si no se cambia el formato escolar existente. La educación debe ser mucho más liberadora de los estudiantes, pero para ello hay que dar más espacio para confiar en los directivos y docentes para que cumplan con su rol de educadores. Lamentablemente eso es difícil en un sistema que está basado en la desconfianza y el castigo.

¿Encuentran alguna similitud con la escuela peruana (o latinoamericana)? La escuela tradicional no da para más… 

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