sábado, 6 de abril de 2013

Rentabilidad y ahorro versus desarrollo institucional



Por León Trahtemberg

Sin duda quien invierte en un negocio espera obtener la mayor rentabilidad del mismo en el plazo menor posible. El problema viene cuando la rentabilidad del corto plazo afecta la del largo plazo o inclusive la propia continuidad dela empresa en el futuro (como se vio con los bancos y la crisis financiera de los Estados Unidos).
Sin duda también cuando una empresa o institución hace las cosas bien y gracias a ello logra tener una buena marca e imagen en el mercado, hay una tendencia a cuidarla y no arriesgarse a perder lo ganado. El problema se da cuando los dueños de esa marca no se dan cuenta que ésta se está desgastando o que se están gestando nuevas marcas aunque a fuego lento, que en un momento dado van a tener una fortísima presencia en el mercado que haga que la marca clásica se vuelva obsoleta (como IBM que hasta los 1990’s era la imbatible fabricante de computadoras y en ese rubro sucumbió a la competencia).  
Presiento que ambas cosas están empezando a ocurrir en el mundo de la educación privada, en relación a los colegios que tradicionalmente han sido considerados los referentes en las diversas regiones del Perú y que no se están dando cuenta de lo que está pasando a su alrededor, porque aún gozan de largas listas de espera de alumnos cuyas familias aún no han volteado los ojos hacia las nuevas opciones que se están gestando. Estas otras marcas,  cuyos gestores recorren el mundo, traen al Perú novedades de otros países, se asesoran con consultores internacionales, en suma, dedican un importante presupuesto a renovarse y reinventarse continuamente, empiezan a aparecer en un medio en el que lo colegios tradicionales muchas veces ni siquiera tienen partidas presupuestales para tales fines.
Después de muchos años de conocer el mundo de la educación privada peruana he llegado a la conclusión de que hay una marcada diferencia entre los colegios que “piensan en grande” y para ello invierten en hacer alianzas con instituciones líderes en el mundo para desarrollar propuestas innovadoras,  capacitaciones y consultorías nacionales e internacionales, viajes de estudio de los docentes, etc. y aquellas instituciones que piensan principalmente en “ahorrar” en las partidas vinculadas al desarrollo institucional y docente (si es que las tienen).
He visto de cerca en varios países y en particular en el Perú cómo se han ido  despuntando instituciones que apuestan por reciclarse permanentemente y estar en la vanguardia, como por ejemplo el colegio Talentos de Trujillo, los Innova School, el Tecsup, los nidos La Casa Amarilla (y en esa línea de trabajo  arranca el Colegio Áleph del que soy copromotor). Todos ellos tienen fuertes  programas de consultorías con expertos e instituciones de prestigio  internacional. A la par he visto también cómo se han ido quedado estancadas  instituciones escolares y universitarias que alguna vez tuvieron mucho prestigio  pero que por tratar de seguir haciendo siempre lo que alguna vez funcionó bien, y por tener una larga lista de espera de postulantes, se han ido estancando y han dejado de reinventarse continuamente y actualizar sus propuestas educativas. Varias de ellas por el peso que produce el propio prestigio (resistente al cambio) y otras por empeñarse principalmente en  ahorrar gastos y maximizar rentabilidad, así eso signifique el deterioro del recurso humano (por desactualización o falta de incentivos salariales) que es el que le da vida y potencia a la institución.
Cuando hoy en día me consultan por el valor de una institución educativa, les sugiero que investiguen sobre el programa de formación y desarrollo profesional del equipo docente y las frases comunes usadas frente a cualquier  iniciativa de innovación o perfeccionamiento. Si lo que escuchan es  expresiones como “veamos cómo lo hacemos” es un buen síntoma. Si lo que  escuchan es “para eso no hay presupuesto” o “no se puede porque no hay plata”, es un mal síntoma. 

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