sábado, 16 de marzo de 2013

CÉSAR VALLEJO Y UNA FORMA DE EXPERIMENTAR LA REALIDAD



El 16 de marzo de 1892 nació en Santiago de Chuco (región La Libertad) el gran poeta peruano César Vallejo, autor de una obra tan peculiar y vanguardista que lo ha convertido en uno de los escritores más importantes del Perú y de Latinoamérica. Destacan sus poemarios Trilce, Los heraldos negros y España, aparta de mí este cáliz –ejemplos de perfección poética y del nivel de experimentación que logró con el idioma castellano– así como las novelas El Tungsteno y Paco Yunque.

La poesía es una forma de la experiencia humana, como el trabajo o la religión. La poesía es parte de la literatura, como la novela o el drama. La poesía es una forma de comunicación, como las noticias o los avisos publicitarios. Sólo que sus efectos no son evidentes como el trabajo o la religión (al menos no en las multitudes). Sólo que no es fácil llevarla al cine (como las novelas o los dramas, y no es fácil, por no decir imposible). Sólo que no se agota una vez que la oímos o la leemos (no volvería a ver un Portal Educativo de noticias a menos que quisiera encontrar un dato).

La poesía tiene efectos íntimos, existe como emociones y pensamientos, encandila, sujeta, nos vuelve adictos por ser densa. La poesía es una exploración de la experiencia humana hecha con la experiencia; es decir, la poesía no está ni en el mensaje ni en la realidad que refiere, sino en lo que se experimenta, en la forma de experimentar la realidad, forma que se comunica (o se intenta comunicar) a través del lenguaje que, como es un medio común, se resiste a esos malabares de una experiencia personal.

“La poesía es una forma de experimentar la realidad”: si leemos un poema de Vallejo, la sensación de experimentar se nota. Sea por el esfuerzo de entenderlo, sea por el efecto de lo que dice, al leerlo hay que acudir a todos los ángulos de nuestra experiencia: el lenguaje coloquial, el lenguaje culto, los sonidos de la niñez, la sensación de algo o alguien que está ahí, el paso del tiempo al estar encerrados, lo que hemos visto en la calle, los refranes o la sabiduría popular, las normas (muchas veces traspasadas) de la ortografía o de la gramática, etc.

“La poesía es una forma de experimentar la realidad”. Y si esa realidad es especialmente complicada, porque nace de dos mundos culturales coexistentes (no necesariamente armónicos) como en el caso de Vallejo, nacido en Santiago de Chuco, en un mundo andino, impregnado de referencias culturales occidentales a través de un ambiente religioso, ¿qué resulta? Una necesidad de conciliar contrarios, de expresar contradicciones, de quebrar límites o de buscar fusiones que pueden ser poco entendidas.

La poesía de Vallejo es una búsqueda continua porque expresa una vida de búsqueda. Para leerlo no hay que empezar por analizarlo. Primero hay que dejar que el lenguaje del poema tome forma. Es decir, leerlo sin tratar de comprender. Lo que nos empieza a llamar la atención o nos grita o nos empuja de pronto, o nos hace detener o nos hace sonreír, eso es lo que empieza a armar la figura. Como cuando vemos un objeto entre la neblina y sabemos qué es, pero no sabemos cómo es. Recién a partir de ese ojo descubro el rostro; recién a partir de esa frase me doy cuenta de que “Vallejo está encerrado”.

Es una paradoja que la poesía de Vallejo sea tan difundida y a la vez tan experimental. Algunos conocidos poemas de Vallejo, encontrados en todas las antologías y sitios web, nos dan una imagen inicial de la experiencia vallejiana: Masa, Espergesia, Ágape, Los heraldos negros y los poemas sobre su familia (madre y hermanos), entre otros. Poemas donde la experiencia es intensa, donde lo que se suele destacar es esa intensidad del sentimiento, donde el lenguaje está alterado por esa intensidad, o al menos podemos sentir que así es. Pero no son poemas donde la experiencia sea experimental, digamos. Un poema también citado –pero que no es tan comunicable en su lenguaje– como España, aparta de mí este cáliz, donde fusiona la historia, la religión, la cotidianidad de los niños y el miedo, nos conduce a otros límites de la experiencia, más personales.

El mundo de la experiencia de Vallejo es un universo en expansión, donde emociones y razones se entrecruzan, se encierran, se vuelven complejas al reunirse, todo ello motivado por la continua atención del ser humano Vallejo a un mundo que cambia porque las experiencias humanas buscan darle forma, desde el fondo de cada uno. El ser humano Vallejo, explorando su experiencia, nos descubre la nuestra aunque estemos en otra ciudad, en otro tiempo, en otro cuerpo.

Juan José Lapeyre
Consultor PERUEDUCA













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