domingo, 6 de marzo de 2011

Escribe: Sociologo Antonio Solís Tasaico/ENTE PERUANO-ARGENTINO DE SOCIÓLOGOS-Vice Presidente y Docente de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.

Cada año se recuerda o celebra a la mujer internacional –realidad que implica- cada civilización-país. La mujer avanza como status social: profesional, trabaja, intelectual, guerrera, madre, hija, pero persiste el atamiento, dominación, esclavismo, que la sociedad occidental y del medio oriente, África, o Asia crearon y ejercen sobre ella, desde temporalidad inmemorial. El siglo XXI –con su primer decenio-, no logra la superación de la mujer internacional.
La impulsividad animal en el hombre, pervive a su interior, que la cultura misma –expresada en civilización-, que subyace. El hombre aprende de su praxis y razón -materia e inmateria- como realismo. La mujer en esta dominación ancestro-histórico, se refugia en la ilusión de la existencialidad, la fantasía e imaginación –principio del placer-; lo subsiguiente está dominado por el realismo institucional, la ley; en Irán, Irak, el Medio Oriente, territorios árabes, la mujer de hoy esta subsumida, devaluada, a la más descendente consideración humana; debe vivir, vestir –de velo su cuerpo-, caminar cual “cultura y civilización implanta”, comunicarse “sólo a su dueño o esposo”, ajusticiada a pedradas por cometer falta o delito, humillada, sin defensa y derechos humanos –que las instituciones internacional callan-, convirtiéndose en cómplices; quizá –por prácticas similares-, pero igual de injustas con la mujer. Es el dominio total sobre la mujer, donde el macho cabrío, decide su existencialidad: casarse,criar y cuidar hijos, hogar, cocinar, asear, atender, y brindar sexo por la ley de Alá, u otras civilizaciones, en nombre de sus dioses –creados- para justificar creencias, cultura, civilizaciones, dominación, poder, abuso, agresiones, crímenes, limitaciones intelectuales, laborales, políticas, tomas de decisiones; es la reproducción de la dominación sobre la mujer de 3,500 millones de mujeres en el mundo de hoy.


La civilización-cultura –geografías diversas-, de desarrollo y progreso se impone por la dominación organizada sobre el hombre y la mujer; iniciándose en el despotismo patriarcal de la horda original. La dominación cultural consistía en quebrar los principios del placer, desexualizar al dominado, y quepan
instrumento de trabajo; principios del placer, sentidos, instintos, se fijan en pecaminosos, perversiones erógenos del hombre. La civilización occidental, asiática, árabe, medio oriente, china, japonesa, inca, u otra ancestral, desarrollan esta concepción vía institucionalidad, estableciendo y sentenciando los principios del placer, erotismo, instintos sexuales, pasiones, para que sólo prevalezca el trabajo; confirma esta sentencia, estableciéndose el matrimonio monogámico, que garantiza la procreación humana, pero sin roces de piel-erotizada, sin pasiones, porque se consideraban pecaminosos –menos copular contra natura-.
Implicaba el infierno y fuego eterno en el “más allá”. Pero la capacidad amatoria del hombre, no es lastimar, desconociendo, o sometiendo a la mujer a nuestro albeldrio existencial; en la sociedad de consumo, no todos hacen el amor a diario. Sin embargo, el mejor placer, es sentir el cuerpo de la amada, invadiéndonos en soledad-descanso-compañía; comentando cotidianidad, ansiedades, y la vida perdería su valor, sin gozar la caída del sol-atardecer, al lado de la mujer deseada, sin que el amor deba ser inventado. Defendiendo el principio a la vida, al amor: platónico, existencial, salvaje, sensorial-piel, pasiones inconfesables. Sólo debemos intuir, percibir para ir ahí, cuando llega el sí de la compañera; allí donde los amantes deben aprender al suspiro, gemido, o se contemplan las caras, y cuerpos griego-helénico.


Pese a vivir en el siglo XXI –primera década-, la violencia y derechos humanos por la mujer en el mundo, no disminuye. Diversos países de Latinoamérica, y resto del mundo existe impunidad institucional-legal, en procesos judiciales para sancionar al agresor, pese a intervenir la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Agresiones físicas, pero también aquellas como secuestro de hijos de mujeres peruanas, con extranjeros, que vienen ocurriendo en regiones del norte peruano, como Lambayeque –región de Perú; con participación de embajadas como España por ejemplo, ministerio de la mujer, policía fiscal, fiscal y juez –mujeres por coincidencia-. Es Perú, así también se maltrata y violenta a la mujer peruana; favoreciendo al extranjero, contra la mujer nacional.

Intelectuales, profesionales, trabajadores, obreros, campesinos, policías, militares, y hombres de Perú y resto del mundo, aún continúan desmereciendo, maltratando, abusando, coercionando, sancionando –como en países árabes y medio oriente-, que sancionan a mujeres a morir apaleada, apedreada, humillada. Grados, títulos, cargos, sabiduría, importancia política, dinero son disculpa para la violencia contra la mujer, pero acontece ante nuestra presencia y mirada. Ni políticos, deportistas u hombres bien, se pudieren encubrir.

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