Esta primera aparición tuvo lugar en un momento de especial significado, por la enorme repercusión que tuvo en todo el continente el robo sacrílego cometido contra el Santísimo Sacramento del altar en la iglesia del convento de monjas de Santa Clara, en la ciudad de Quito.
Allí, en la madrugada del 20 de enero de 1649, se descubrieron con estupor e indignación las huellas del sacrilegio cometido por unos malhechores que desfondaron el sagrario y se llevaron el copón de plata, maltratando las sagradas hostias y dejándolas regadas en el piso, algunas de ellas rotas y otras sin poder ser encontradas.
Cuando llegó a Eten (que ya en 1589 era doctrina franciscana), la noticia de lo sucedido en el convento de las Clarisas (franciscanas) de Quito y de los solemnes desagravios realizados allá y en la propia Lima, faltando poco más de una semana para la fiesta del Corpus Christi, los pobladores se movilizaron como nunca antes, haciendo derroche de velas y cirios, limosnas, “olores, fuegos y candeladas” durante ocho días. Finalmente, el miércoles 2 de junio de aquel año de 1649, víspera del Corpus, los fieles se reunieron en la Iglesia de Santa María Magdalena para la adoración al Santísimo Sacramento solemnemente expuesto y el canto de las Vísperas. Y sucedió lo que conocemos como la primera aparición.
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